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‘Dijo Elokim: Haya luz y hubo luz.’ Génesis 1:3

Que la gran luz del entendimiento ilumine nuestros cerebros y purifique nuestros corazones , a fin de que en un ambiente de intelectualidad y de perfecta fraternidad , nos entreguemos a buscar los senderos de nuestra propia superación. Eusebio Baños Gómez

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LA LUZ PRESTADA - El Espía de DIOS

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domingo, 2 de mayo de 2010

LA TRADICIÓN Y EL OCIO. EL JUEGO DE LA OCA


Son muchos los que piensan que algunos juegos tradicionales -por el sentido de ancestral del término, para precisar- son algo más que una forma de divertirse. De manera similar a algunos cuentos que todavía perviven.

Hay juegos que son muy antiguos, como es el caso del parchís, la oca, el alquerque, el ajedrez, las damas, juegos de cartas, los jeroglíficos, juegos mentales, los laberintos, etc.

Estos juegos, o al menos la mayoría, esconden dentro de sí algo más que un exoterismo lúdico, encierran un sistema o guía mnemotécnica que conduce a la comprensión de ciertas verdades esotéricas.

Esto se hace así para aprovechar dos potencialidades del juego: la enorme capacidad de fijación de conceptos que presenta la mente humana cuando el aprendizaje se realiza de forma lúdica y/o atractiva, y la persistencia en el tiempo de ciertos conceptos encerrados dentro de un esquema “ocioso” y, muchas veces, baladí. Tanto para un aspecto como para el otro, la asociación del juego con la edad infantil resulta de una importancia capital.

Otro tanto cabe decir de ciertos deportes y actividades lúdicas, incluso bucólicas algunas de ellas, que mantienen escondido en su seno el trasfondo de ritos, magias e iniciaciones tradicionales -el mismo sentido de antes-, evocando una presencia sagrada y la relación del Hombre con ella. Uno de los ejemplos que me acaba de venir a la mente es la fiesta de los toros.

La manera de mostrar al jugador, o aprendiz, las verdades esotéricas era asociándolas con la energía trascendente que nos rodea y que tan difícil de comprender resulta, es decir, se trata de relacionar las habilidades del jugador con una fuerte componente azarosa. Cómo sacar el máximo partido de una circunstancia impuesta aleatoriamente utilizando, para ello, las habilidades innatas y las aprehendidas en el trascurso del juego.

Muchos hemos oído hablar, o leído escribir, sobre la presencia de la pata de oca en el Camino de Santiago -se trata de tres rayas que confluyen en el extremo de otra vertical- y en otros muchos lugares y temas afines: peregrinación, Atlántida, símbolos neolíticos del norte de España, maestros y compañías de canteros, marca esotérica paleocristiana, etc.

Siempre, la oca es un animal benéfico, de gran calado espiritual y enseñante. Así se trata en Egipto, Bretaña, Irlanda, Germania, Noruega y Dinamarca, etc. En la antigua mitología, era el animal por excelencia asociado a la Magna Mater, divinidad antecesora de las diferentes diosas que por le mundo han sido -ver Héroes y Santos (II)-.

Se trata de un juego curioso. Tiene forma de laberinto o espiral, iniciándose en la casilla 1 -casilla donde esperan los participantes para entrar en juego y que en ocasiones muestra un mago arreando una bandada de ocas- y acaba en la casilla 64 -normalmente sin numerar, señoreada por una gran oca o por una bandada de estas ánades sitas en un hermoso jardín-.

Lo inédito es que, aunque el juego consiste en llegar el primero a la casilla final, no acaba ahí, pues todos los contendientes deben llegar a esa casilla, pues, si no, el juego no se da por concluido. Es decir, casi lo importante no es ganar, sino llegar al final, morir si se quiere. Sortear diferentes etapas de la vida, épocas felices y épocas amargas, en espacios regulares para, al final, mudar nuestro espíritu -estoy pensando en las bandadas de ocas que se pintaban saliendo del pecho de las momias en las pinturas funerarias egipcias-.

Otro aspecto curioso es que pueden participar tantos jugadores como se quiera -con la limitación que supone jugar con la imaginación para idear una pieza o ficha diferente para cada uno-. Además tiene este otro dato: se juega con dos dados, excepto a partir de la casilla 60 donde se juega con uno sólo.

Parece ser que se trata de un “invento” muy antiguo. Las leyendas más arriesgadas concretan a Palámedes como inventor del juego de la oca como medio para mantener a las tropas acantonadas frente a Troya en un estado diferente del hastío y el aburrimiento. Existe, por otro lado, una pieza de la arqueología precretense denominada Disco de Phaistos, datado sobre el 2000 a.C.

Este disco alberga, colocadas en espiral, 61 casillas con diferentes motivos y viñetas: 30 por una cara, 31 por la otra. Aparece una figura inicial en actitud de caminar, y espaciadas a intervalos regulares, se encuentran ocho aves de cierto tamaño en dos actitudes diferentes: caminando y en pleno vuelo. La primera mención en España es referente a un presente de Francesco de Médicis que, mientras gobernaba (1574-1587), regaló un Juego de la Oca a Felipe II. Parece ser que la influencia española en esa época añadido a su innegable encanto, hizo que el juego se extendiese rápidamente por as distintas cortes europeas.

Eludiendo diseños más o menos interesados en virtud de los deseos y vaivenes de los gobernantes de turno, este juego está pintado de tal manera que distintas casillas afines configuran un mismo paisaje. Esta estructura, junto a la aparición cada cierto número de casillas de las consabidas ocas, hace que el tablero se divida en 13 etapas bien diferenciadas -las mismas que aconseja el Codex calixtinus como la peregrinación ideal a Santiago de Compostela-.

Una descripción alegre, mágica y sugerente del tablero aparece en el libro A la sombra de los templarios, de Rafael Alarcón, Edt. Martínez Roca, Barcelona, 1986. Además incluye un análisis cabalístico de las posibilidades del juego y de la numeración de las viñetas. Un ejemplo lo constituye la casilla denominada El Laberinto, viñeta número 42. Aparece un laberinto plano -en muchas ocasiones- y, también, una especie de torre de Babel con un camino que asciende por ella en forma de espiral.

A veces la torre es octogonal, como los tableros laberínticos que se pintaban en las iglesias y catedrales, entorno a los cuales se realizaban danzas conducidas por el deán, o el obispo, muestra de sincretismo de antiquísimas danzas cretenses y griegas en honor a la Madre Tierra.

En algunos tableros -aquellos que se etiquetan como más esotéricos y/o gnósticos-, las casillas situadas encima del laberinto -la 42-, encima y hacia el centro, muestran a un grupo de duendecillos, siete gnomos, que bailan en corro agarrados de la mano -de la manera en que Luciano de Samosata (Samosata, Siria, 125 a.C. - Egipto, 192) lo describe en su Tratado sobre la danza, s. II d.C., como originarias de Creta y Delos-.

La faceta más frecuente que suelen mostrar la imagen o símbolo oca, es la de conductor, guía, indicador del Camino a seguir para alcanzar la Iniciación. Son portadoras de un saber superior, y han sido enviadas a practicar sus poderes benéficos sobre los humanos. También es frecuente que estos animales vengan acompañados de súper-humanos o semidioses procedentes, el grupo, de un lejano país emisor de Saber, procedentes del Centro de Conocimiento. Imágenes como esa se encuentran en el Egipto predinástico, la India mítica, el chamanismo ruso, los mitos de Deméter y Hades, celtas, bretones,...

Otro aspecto que asocia a las Ocas con la Tradición más ancestral es la denominada lengua de los pájaros. Se trata de un lenguaje cifrado que contiene un mensaje exotérico y otro interior o esotérico, éste último sólo de utilidad para los iniciados en la criptografía de la Corporación. La aplicación de tal mecanismo de salvaguarda de la información es guardar y transmitir, dentro de lo evidente, un cúmulo de información dirigido sólo para los ojos de otro iniciado. U

na aplicación bastante conocida sería la de la construcción de ciertas catedrales góticas -argot, o lenguaje particular de todos los individuos que tienen interés en comunicar sus pensamientos sin ser comprendidos por los que le rodean-.

Según diversos autores, estas catedrales serían modelo de construcción exotérica, de simultánea preciosidad técnica y estética, y esotérica, encerrando dentro de su estructura, diseño e intrarelaciones entre sus elementos, múltiple información secreta, inteligible sólo por maestros constructores o especialistas en la Materia. Parte de ese lenguaje se habría perpetuado en otros posteriores, como el provenzal o Lengua d´Oc y el Caló o lengua de los gitanos...

La relación de las ocas o gansos con la alquimia es muy reiterada. Empezando por el hecho de que la alquimia, en tiempos, era llamada también la arquitectura celeste, y sus estudiosos o adeptos, se llamaban labradores. Y ya he comentado la relación que existe, también, entre las ocas y lo relativo a la naturaleza, a agricultura, y los frutos de ambas -como es el caso de la diosa Deméter, representación madura de la Magna Mater-.

“Hacer volar el águila” significa, según la expresión hermética, hacer salir la luz de la tumba y llevarla a la superficie, que es lo propio de toda sublimación verdadera. Y nuestro Mercurio filosófico -águila- se conoce también como el pájaro de Hermes, al cual se le da también el nombre de Oca o Cisne, y, en menor medida, el de faisán. “Más para perfeccionar nuestra obra se deberían utilizar siete águilas, e, incluso, deberían emplearse hasta nueve” (Filaleteo).

Algunas de las viñetas del juego forman parte de la simbología y aplicación de la Alquimia: el jugador al principio -joven, ingenuo y dispuesto (la materia prima)-, la colmena -la materia prima a punto de transformación-, la Torre -centro de enseñanza e iniciación (la cárcel), donde las medicinas y la meditación consiguen cambiar el cuerpo imperfecto-, el caballero -fruto de la experiencia y del Conocimiento-, el Dragón, la Muerte, el Blasón, el Jardín -de las Hespérides, quizás-, las Piedras cúbicas o materias primas transformadas -detrás de la colmena y del Dragón vencido-, el manantial, el pozo -agua procedente de la Madre Tierra-, el laberinto -como vía de Conocimiento y llegada al centro y la salida o resurgimiento, más tarde, hacia el exterior-etc.

Y para finalizar, decía Fulcanelli: “El juego de la Oca es el laberinto popular del Arte Sagrado y compendio de los principales jeroglíficos de la Gran Obra”.

sábado, 1 de mayo de 2010

NÁMASTE

Námaste es una palabra hindú que se utiliza como saludo y despedida, acompañado normalmente de la inclinación de la cabeza hacia adelante con las palmas de las manos juntas a la altura del pecho.

El verdadero significado por lo visto es:

Yo honro el lugar dentro de ti donde el Universo entero reside. Yo honro el lugar dentro de ti de amor y luz, de verdad, y paz. Yo honro el lugar dentro de ti donde cuando tú estás en ese punto tuyo, y yo estoy en ese punto mío, somos sólo Uno.


En sánscrito, significa literalmente "me inclino ante tí". Na refleja una simple negación Maā señala al ego, refiriéndose al "yo" o al "mí". De esta manera nama significa "inclinación, homenaje, saludo reverencial, adoración a la verdad interna del otro", pero no refiriéndose a su ego. Te es el dativo del pronombre personal tvam, "usted". Una traducción literal de namaste es, de este modo, "un saludo reverencial a su interno".

Mi energía más alta saluda tu energía más alta.
El Dios en mí ve y honra el dios en ti.
Pueda el Dios dentro de ti, bendecirte.

En otros términos, este saludo reconoce la igualdad de todos, y rinde honor a la santidad e interconexión de todos, así como a la fuente de esa unión.

En los contextos japoneses este gesto de las manos (con una reverencia más inclinada), se denomina gassho.

En la novela The Journey of the Fool (el viaje de los tontos), de Fady Bahig, el gurú ficticio Sri Bakashānanda explica el sentido de námaste:

Significa ‘yo saludo a la luz de Dios que está en ti. De hecho, significa que la luz de Dios en mí saluda a la luz de Dios en ti. Pero tú sabes que no hay ninguna diferencia entre la luz de Dios que está en mí y a la luz de Dios que está en ti. Y ya que los saludos sólo se realizan entre dos entidades separadas, para nosotros sería mejor no hablar en absoluto de saludos, sino decir que la luz de Dios en nosotros celebra su presencia eternamente en nuestros corazones.
Fady Bahig


¡Námaste!


EL CÓDIGO BUSHIDO.


"Quienes se aferran a la vida, mueren, quienes desafían a la muerte sobreviven"
Uyesugi Kenshin (siglo XVI)

Aunque el karate moderno se ha desarrollado en el siglo XX, derivado de Okinawa, actualmente ha sido influido fuertemente por la psicología de las artes marciales japonesas, con los orígenes y actitudes feudales de tales artes. Por lo tanto, es difícil, si no es que imposible, comprenderlo ampliamente sin conocer algo relacionado con esa cultura. El propósito de este capítulo es describir esa cultura en lo que sea pertinente para el estudio del karate.

Con la apertura de Japón al comercio occidental en 1853, forzada por el poderío naval estadounidense y el final consecuente del feudalismo, los Samuráis, o clase guerrera, que eran casi 2.000.000 dentro de una población aproximada de 30.000.000, se convirtieron en un anacronismo y a pesar de sostener varias rebeliones, fueron erradicados. No obstante su desaparición como clase social, toda la literatura, el arte y la cultura japoneses estaban influenciados profundamente por las tradiciones de los Samuráis, y su espíritu aún sobrevive y se manifiesta en diversidad de formas.

Una de ellas, mas no la menor es en las artes marciales, incluyendo el karate; asimismo lo encontramos en la psicología que motivó a los Kamikaze, o pilotos suicidas de la Segunda Guerra Mundial, la supervivencia en la selva y la prolongada resistencia de 29 años después de la guerra de los soldados japoneses ultranacionalistas (como el teniente Onoda en las Filipinas), y en las políticas económicas postbélicas de Japón. Muchos japoneses todavía añoran el periodo feudal como una época heroica y romántica en la que el Samurai representaba la figura heroica.

Por lo tanto, para comprender el karate es necesario apreciar el espíritu de los Samuráis que aún motiva a muchos de los karatekas más grandes del mundo. Por supuesto, esto no significa que dicho espíritu mueva a la mayoría de los karatekas occidentales, o nipones en todo caso. Muchos de los occidentales en particular lo tratan únicamente como un método de combate o defensa propia y sólo están conscientes de modo vago de la que podría llamarse filosofía implícita.

El periodo feudal japonés duró de fines del siglo XII a mediados del XIX y es comparable en muchos aspectos al periodo feudal europeo. Ambos mantuvieron rígidas estructuras jerárquicas de clase y un estricto código ético para la clase guerrera. Este código fue conocido en Japón como Bushido, que traducido literalmente significa "Modos Militares del Caballero", o código de conducta apropiado para un caballero guerrero. En el vértice de la pirámide social estaba el Emperador o "Hijo del Cielo", quien fue adorado hasta 1945 como un dios viviente; pero no tuvo ninguna intervención práctica en los asuntos de Estado durante la mayor parte del periodo feudal. Su función principal residía en promover la cultura y el arte recatado de la vida cortesana, la arquitectura, la jardinería ornamental, la poesía y las muchachas geishas, para todos los cuales se aplicaban reglas estrictas.

El poder político residía en manos del Shogun o ''General" quien personificaba al Dios de la tormenta o padre espiritual de los Samuráis. Sus poderes eran una combinación de los de un primer ministro y los de un caudillo militar contemporáneo. Abajo de los Shogun estaban los Daimyo o nobles de la corte, cada quien con séquito de asistentes o guardias (Bushi o Samurai) equivalente a un pequeño ejército privado. Las demás clases sociales en orden descendientes de importancia, más no necesariamente de riqueza, eran los aldeanos, los artesanos y los comerciantes.

Es interesante notar que los comerciantes - relativamente acaudalados eran inferiores en un sentido social a los campesinos y los artesanos, al igual que lo eran los Samuráis. Los Samuráis estaban excluidos del comercio y recibían su paga del Shogun o del Daimyo en forma de arroz, que en años posteriores vendían generalmente a los mercaderes cuando apareció el dinero como un medio de cambio. Muchos que vivían en un estado de pobreza empedernida consideraban de mal gusto hablar de dinero o preocuparse demasiado por él. A pesar de esto se convirtieron en el ideal de la nación y en uno de los principales temas del arte y la literatura. Si no es que el principal.

BUSHIDO: EL CÓDIGO SAMURAI

Los criterios respecto al Samurai varían considerablemente. Para algunos eran feroces peleadores profesionales y asesinos despiadados. En cambio los románticos los ven como idealistas comparables a los caballeros de las leyendas del rey Arturo. Sin duda la verdad está situada entre los extremos. Tenían muchos privilegios, no trabajaban y estaban exentos de impuestos. También tenían el derecho legal de matar al instante a cualquier plebeyo irrespetuoso. Se requería lógicamente de algún código para evitar el abuso absoluto de esos poderes. Dicho código, el Bushido aunque nunca fue redactado emergió en el siglo XII.

Bushido significa el código de conducta adecuada para el caballero combatiente. Tiene un notable parecido al de los caballeros feudales europeos, cuyo periodo histórico también es muy semejante. Para vivir de acuerdo con este código, un Samurai debería ser valeroso, honorable, motivado por un deseo de actuar con rectitud y justicia, debería ser misericordioso, veraz, cortés, leal, poseedor de un gran dominio de sí mismo y capaz del autosacrificio.

En verdad era un código estricto, que sin duda más de unos cuantos dejaban de cumplir. Sin embargo, según la experiencia del escritor, es notable observar cuántas de estas características todavía son exhibidas por muchos de los karatekas más grandes del mundo, en particular quienes tienen antecedentes de entrenamiento en Japón. Esto sucede presumiblemente porque fueron entrenados en un medio empapado en las tradiciones subyacentes. Una proporción mucho mayor de karatekas Occidentales son entrenados en una atmósfera que pone énfasis sólo en lo físico o incluso en lo comercial. Tal vez esto sea inevitable, ya que es imposible virtualmente transplantar todo un rasgo cultural. Esto ocurre especialmente cuando la instrucción no está en manos de un japonés o de alguien entrenado en Japón; o también si existe un problema de lenguaje.

El énfasis del Bushido en la virtud militar de la bravura es inevitable y no requiere mayor discusión. No obstante está ligado de modo estrecho con la virtud del honor, que aún es una poderosa fuerza motivadora en el moderno Japón. Con el reciente y fenomenal desarrollo económico del Japón, los occidentales pueden creer que la motivación principal de ese país es el dinero. Esto no sucedía en el Japón feudal y si hoy sucede es por un motivo yuxtapuesto al del honor. La apertura forzada de ese país al comercio occidental en 1853, significó una gran humillación para los japoneses, y con objeto de recuperar su prestigio (honor) necesitarán vencer a Occidente en su propio juego.

De allí la revolución social, la abolición del shogunato y de los Samurai que no habían podido rechazar a los bárbaros y la importancia que le dan al poder económico e industrial lo mismo que al militar. Fue simplemente el espíritu Bushido adaptado a circunstancias modernas. El honor y el respeto propio fueron los motivos primarios, y la riqueza se consideraba en un lugar muy secundario; aunque sin duda, ahora se ha transformado en un símbolo del éxito y por lo tanto en una prueba de la recuperación del prestigio.

Entre los karatekas más grandes del mundo, el honor y la fama siguen siendo la mayor fuerza impulsora, pero como es tan grande la demanda de instructores de karate, se suscitan inevitablemente fuertes intereses financieros. Como el código feudal occidental de caballería está muerto y enterrado hace mucho tiempo, tal vez sea ilógico pensar que los japoneses sigan adhiriéndose a sus principios de Bushido por más de un siglo desde el derrumbamiento de su raison d' etre esencial. En tal caso, es una gran lástima. Es de esperarse que estos Samuráis de nuestros días sigan coincidiendo con sus antepasados Samuráis, para muchos de los cuales la pérdida de honor conducía al Seppuku (Hara- kiri) ritual, que señala:

"Cuando se pierde el honor, es un alivio morir; la muerte no es sino un retiro seguro de la infamia".

Tenemos la esperanza al igual que el profesor Nitobe, de que "el Bushido puede desaparecer como un código independiente de ética; pero no así su poder sobre la tierra; sus escuelas de proezas marciales u honor cívico pueden ser derruidas; mas su lucha y su gloria sobrevivirán por mucho tiempo a sus ruinas".

EL CÓDIGO DE BUSHIDO

Estos son los siete principios que rigen el código de bushido, la guía moral de la mayoría de los samuráis de Rokugan. Sed fieles a él y vuestro honor crecerá. Rompedlo, y vuestro nombre será denostado por las generaciones venideras.


1. Gi - Honradez y Justicia

Sé honrado en tus tratos con todo el mundo. Cree en la justicia, pero no en la que emana de los demás, sino en la tuya propia.

Para un auténtico samurai no existen las tonalidades de gris en lo que se refiere a honradez y justicia.

Sólo existe lo correcto y lo incorrecto.

2. Yu - Valor Heroico

Álzate sobre las masas de gente que temen actuar. Ocultarse como una tortuga en su caparazón no es vivir.

Un samurai debe tener valor heroico. Es absolutamente arriesgado. Es peligroso. Es vivir la vida de forma plena, completa, maravillosa. El coraje heroico no es ciego. Es inteligente y fuerte.

Reemplaza el miedo por el respeto y la precaución.

3. Jin - Compasión

Mediante el entrenamiento intenso el samurai se convierte en rápido y fuerte. No es como el resto de los hombres. Desarrolla un poder que debe ser usado en bien de todos.

Tiene compasión. Ayuda a sus compañeros en cualquier oportunidad. Si la oportunidad no surge, se sale de su camino para encontrarla.

4. Rei - Cortesía

Los samurais no tienen motivos para ser crueles. No necesitan demostrar su fuerza. Un samurai es cortés incluso con sus enemigos. Sin esta muestra directa de respeto no somos mejores que los animales.

Un samurai recibe respeto no solo por su fiereza en la batalla, sino también por su manera de tratar a los demás. La auténtica fuerza interior del samurai se vuelve evidente en tiempos de apuros.

5. Meyo - Honor

El auténtico samurai solo tiene un juez de su propio honor, y es él mismo. Las decisiones que tomas y cómo las llevas a cabo son un reflejo de quien eres en realidad.

No puedes ocultarte de ti mismo.

6. Makoto - Sinceridad Absoluta

Cuando un samurai dice que hará algo, es como si ya estuviera hecho. Nada en esta tierra lo detendrá en la realización de lo que ha dicho que hará.

No ha de "dar su palabra" no ha de "prometer" el simple hecho de hablar ha puesto en movimiento el acto de hacer.

Hablar y hacer son la misma acción.

7. Chugo - Deber y Lealtad

Para el samurai, haber hecho o dicho "algo", significa que ese "algo" le pertenece. Es responsable de ello y de todas las consecuencias que le sigan.

Un samurai es intensamente leal a aquellos bajo su cuidado. Para aquellos de los que es responsable, permanece fieramente fiel.

Las palabras de un hombre son como sus huellas; puedes seguirlas donde quiera que él vaya.


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